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martes, 17 de mayo de 2011

de mi para vos.

No se porque la vida me ha mantenido tan intacta. Mis fisuras y canaverales vacios estan ocultos y la tierra se siente firme. Cada quien tiene sus terremotos, temblores de piel sudando agua salada hasta que se acumula en las pupilas y parece mar enfurecido. Ojala todo fuera tan sublime. Quedarme encerrada en mis metaforas para no hablar en terminos de hombre, perversion o enfermedad. Que mis silabas fueran siempre gotas de lluvia, chispas de fuego, algun cigarrillo quemado y consumido junto al rio. Que las cortadas de papel y punial se quedaran limpias mientras sanan, que la piel baile sobre sangre hasta convertirse en cicatriz blanca. Cicatriz blanca, de esas que juegan con los dedos, que enganian con texturas y tentan con cosquillas, con esa risa ligera y no pensada de saber que ahi hubo un hueco por donde se pudo haber ido el alma.
En vez de eso hoy llovio sucio. Hoy al caminar bajo la lluvia algo se sintio fuera de lugar. Las nubes estaban sangrando transparente, sin saber porque, y hoy llovio sucio. El agua se deslizo, como la duda, en cada encrucijada entre piel sana y piel sana, buscando un camino intravenoso directo a vos. La piel no baila, grita a boca amordazada mientras crece la infeccion. Variedad de colores muertos, colores cadaveres, marcha cruelmente en el tejido daniado. Lluvia sucia intenta buscar compania, sabiendo que se le acaba el agua y no puede saciar ninguna sed.
Hoy me di cuenta que somos hijos del mar. Que el padre, que es hombre, que sabe lo que el alma puede herir y sufrir, nos coloco correcta herencia en la lengua al nacer. Si tenemos mar enfurecido, mar rebelde, mar sobreviviente en las pupilas, bajando por la garganta, hasta que sabe atras de la lengua.


La esperanza sabe a agua salada.

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